martes, 27 de junio de 2017

LOS CÓLICOS DEL LACTANTE, ¿QUÉ SON EN REALIDAD?



Los bebés lloran. No tienen otra manera de expresarse, así que lloran cuando algo no les gusta, cuando se sienten molestos por lo que sea y cuando necesitan que les atiendas. Eso es el llanto normal de un bebé, pedir para que alguien le provea cuidados. Además del llanto normal, que no es para nada el llamado cólico, sino llanto, hay algunos bebés, que no todos, que por la tarde o noche lloran más de lo habitual, durante un buen rato y, al parecer, sin solución aparente.
Es lo que se denomina llanto incontrolable del bebé (también lo he visto denominar llanto inconsolable del bebé), que se conoce coloquialmente como cólicos del bebé porque se asocian a algún tipo de dolor intestinal o abdominal, y que se caracteriza por episodios de llanto que pueden durar hasta 2-3 horas al día, que suceden más de tres días a la semana y que se dan cuando el bebé tiene menos de 3 meses. Ahora bien, ¿qué son en realidad los cólicos? ¿Por qué lloran tanto?
Dolor abdominal
Los bebés lloran, se arquean hacia atrás y da la sensación de que ciertamente les duele la barriga. Por eso se llaman cólicos, porque de verdad parece que tienen algún problema intestinal o estomacal, malas digestiones o algo similar, por inmadurez, y que con el tiempo dejarán de tenerlas.
Cuando nació Jon, mi hijo el mayor, lloraba mucho por las tardes y pensamos que era eso. Por eso lo poníamos con su espalda contra nuestro pecho y con la mano sujetábamos su barriga. Parecía que le calmaba un poco, pero tampoco es que fuera la panacea. Vamos, que a veces servía y a veces no tanto.
Se ha dicho que el causante de los cólicos podría ser algún tipo de bacteria y parece que al respecto han funcionado algunos probióticos, mejorando la flora del bebé y aliviando un poco las molestias.
En las farmacias venden también preparados para los cólicos de los bebés, compuestos normalmente por manzanilla e hinojo, que funcionan muy bien en algunos bebés pero que no hacen absolutamente nada a otros. Esto nos lleva a pensar que el llanto incontrolable del bebé podría ser un problema con diversas y diferentes causas.
A mí la del dolor de barriga nunca me ha emocionado demasiado por una razón lógica: si te molesta la barriga, si tienes problemas de digestión, inmadurez o una bacteria que te está molestando, debería dolerte la tripa a todas horas. O quizás a todas horas no, pero a veces por la mañana, a veces por la tarde y a veces por la noche. Sin embargo, cuando hablamos de este tipo de llanto, sucede avanzada la tarde y hacia la noche. Y un llanto con horario difícilmente puede deberse a una molestia física, porque los dolores internos, que yo sepa, no tienen horario, ¿no?
Inmadurez en todos los sentidos
Se habla también de intolerancias a proteínas de la leche y cosas similares, pero entonces no estaríamos hablando de cólicos o llanto incontrolable, sino de eso, de intolerancias, así que sin tratar ese tema y dando por sentado que los bebés que lloran no tienen necesariamente una intolerancia a algo que comen o que comen sus madres, nos queda la otra hipótesis, con la que sí me caso, que es la que dice que los bebés son muy, muy inmaduros y por ello están inadaptados al medio.
Como hemos explicado ya en diversas ocasiones, los bebés humanos nacen terriblemente prematuros e incapaces. Incapaces de sobrevivir sin el cuidado de sus padres, de moverse, de valerse por sí mismos, etc. Esa inmadurez (nacen con el cerebro desarrollado sólo en un 25% de lo que será en la edad adulta) les afecta en todos los sentidos. No son capaces de razonar, no son capaces de aprender prácticamente nada hasta que pasan semanas y meses y, en consecuencia, tienen serias dificultades para adaptarse a un mundo que no siempre está preparado para ellos.
Ruidos de coches, motos, puertas, bolsas de plástico (lo que les llega a asustar, oye), voces, olores que no conocen, manos que les cogen diferente a papá y mamá, luces, temperaturas varias, etc., y a todo ello le sumas la ausencia de lo que ya conocen, que es un medio caliente, húmedo y con un olor y sabor que ya conocen (el líquido amniótico) y el ruido de la voz de mamá amortiguada, el ruido de sus tripas y el latir constante de su corazón. O sea, que no es solo la presencia de unos estímulos nuevos, sino también la ausencia de los estímulos que sí conocen, lo que les lleva a sentirse fuera de lugar.
Y ese fuera de lugar, ese "este no es mi sitio", que no es un pensamiento racional sino una sensación, un bloqueo mental, un hasta aquí llego, se acaba expresando en forma de llanto incontrolable. ¿Sabéis cuando no podéis más y os dan tantas ganas de salir a la ventana a gritar? Pues mira, hay quien sale y lo hace, grita. Hay quien prefiere no hacerlo y coge lo que pilla en la nevera y se lo mete todo para dentro, hay quien llama a su mejor amigo y se desahoga, hay quien... pues los bebés no tienen ventana que abrir, helado que devorar ni amigo a quien llamar, así que sólo les queda una, llorar como posesos hasta caer rendidos.
¿Y qué podemos hacer?
Si se supone que los cólicos se deben a un bloqueo, lo que hay que intentar es prevenir ese bloqueo mental. Se dice que en las culturas en la que los niños van siempre en brazos los niños no padecen cólicos, que ahí no saben qué es eso de que un bebé llore durante un buen rato sin razón aparente. Por eso se recomienda que los padres cojan mucho a sus bebés.
Si será cierto o no, no lo sé. Yo como padre os puedo asegurar que mis hijos han pasado mucho, pero mucho tiempo en brazos (el tercero, Guim, no salió de ellos), y los tres lloraban a partir de las seis que daba gusto. O sea, que lo de los brazos, pues puede que sí, pero podría haber más.
En esas culturas los niños son morenitos, las madres, hermanas o familiares les llevan en trapos y ahí van todo el día, sin llorar. No creo que se diferencien mucho de mis hijos, que iban todo el día en brazos en ese aspecto, pero sí había una diferencia. Nosotros no vivimos ahí donde viven ellos, sin ruidos ambientales artificiales, rodeados de naturaleza viva y con, probablemente, menos estímulos visuales y sonoros en general.
¿Será eso? No lo sé, pero como irnos a vivir a un pueblo no sé si es una opción para todos, y ni siquiera sé si será una solución lógica para un llanto que a los tres meses desaparecerá, no nos queda otra que cogernos a lo lógico: darle tranquilidad y seguridad al bebé y tener la paciencia necesaria para sobrellevar esos momentos del mejor modo que podamos.
Y esto se consigue llevándolo en vertical (no sea que haya gases), en brazos tanto como podamos y evitando que se estimule en exceso con inputs que le puedan molestar: sonidos fuertes, olores fuertes o desagradables, ir de brazos en brazos de desconocidos, mantenerles despiertos para que luego por la noche duerman más (no funciona y además es cruel para ellos), etc. Y si sospechamos que hay algo de barriga, pues lo dicho, probar algún remedio anti cólicos por si cae esa breva o esperar, simplemente, con mucho cariño, mucha caricia y pasando el bebé a la pareja cuando no podamos más, a que llegue el día en que, de repente, los cólicos hayan desaparecido.
   Si no te funciona estas sabias experiencias
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PARTO EN EL AGUA EL CONTACTO CON EL AGUA RELAJA Y DISMINUYE LAS TENSIONES DE UN TRABAJO DE PARTO.



Para muchas mujeres el contacto con el agua es relajante y disminuye las tensiones del trabajo de parto. Es una de las alternativas de parto que más interés está despertando en las mujeres embarazadas por su sencillez. Según aseguran las mujeres que lo defienden, dar a luz en el agua y nacer bajo el agua tiene múltiples ventajas tanto para la futura mamá como para el bebé, ya que ahorra tiempo, dolor y traumas innecesarios.
Funciona, según las mujeres que lo han probado, como una epidural natural. Aunque sea un método sencillo, el parto bajo el agua o acuático está solamente indicado para los casos de bajo riesgo. Por esta razón, los especialistas afirman que no es recomendable que las parejas opten por hacerlo en casa. La realización de un parto en el agua necesita siempre de la supervisión por un especialista (matrona o ginecólogo), para evitar riesgos para la madre y el bebé.

Ventajas del parto en el agua para la madre.


El nacimiento de un hijo es un momento único, íntimo y personal. Por esta razón, muchas mujeres quieren elegir cómo será su parto, aunque al final, las circunstancias médicas puedan cambiar los planes que se tenían en un principio.
Los partos bajo el agua gozan de la ventaja de conectar con la forma más natural y primitiva de traer un niño al mundo, aunque debido a los grandes avances de la medicina, este argumento pierde fuerza en favor de los criterios médicos y del hospital. La prioridad siempre debe ser la seguridad y la salud de la madre y del bebé que está por nacer.

Si ocurre alguna complicación durante el parto, el personal medico debe estar preparado para trasladar rápida y cómodamente a los dos a un quirófano. Sin embargo, aunque no pueda desarrollarse en un entorno natural en un 100 por cien, ya que ahora tanto los hospitales públicos como las clínicas privadas disponen de